La liberación de los secuestrados por las Farc, a manos del ejército de Colombia y el presidente Uribe como comandante en jefe de esta fuerza, ha tenido repercusiones en todos los aspectos.
Lo primero que se divisa es un triunfo de parte del gobierno, frente a los grupos al margen de la ley. Pero, por el resultado obtenido. Teniendo en cuenta el tipo de operación y de la manera como la han dado a conocer a los medios de comunicación, igualmente existía la posibilidad de haber fallado. Entonces el resultado seria totalmente adverso.
Para las Farc, en manos de Alfonso Cano, no deja de ser crítica la circunstancia de estar tan solo "calentando el puesto" cuando le meten semejante batatazo. Es posible que los diferentes frentes de esta agrupación armada, estén considerando seriamente en la capacidad de dirección y de combate, de quien está encargado de dirigirles. Antes de esto, en las Farc se había evidenciado el desmoronamiento de su cúpula y de quienes le rodean. Muerte de cabecillas, bajas por parte de ejército de otros, traición y asesinato entre sus miembros, desmovilización y entrega a las autoridades, por parte de otros. Una serie de sucesos, que determinan que al interior de la organización, las cosas no están marchando bien.
Unos liberados que comulgan, ahora, con los operativos de rescate. Presidentes de los países vecinos que exaltan la actitud de gobierno, cuando hace algunos meses la atacaban, insultaban y manifestaban abiertamente su apoyo a los insurgentes.
Liberados que al momento de ser retenidos, estaban en desacuerdo con las políticas del estado en cabeza del presidente, como el caso de Ingrid Betancuort, quien en la carta escrita a su progenitora, indicaba la necesidad de cambiar las políticas de estado frente al conflicto interno de la nación, establecía que todo se lo debía a Francia, que su vida estaba ligada a ese país y su entero agradecimiento era para ese gobierno. Liberada, exalta la labor de "mi ejército de Colombia", reconoce y estimula la labor del "señor presidente, hay que seguir con esta política de seguridad democrática" y " qué bueno que tengamos un gobierno como este, por más tiempo".
Militares que ahora "entienden", que a los enemigos hay que enfrentarlos en otros terrenos diferentes al del armado, que hay que brindarles entera confianza, respetar los derechos humanos y buscar como persuadirlos a que desistan de su lucha armada.
Compañeros de fórmulas políticas, que ahora manifiestan que sus coequiperos no son los que esperaban y desisten en apoyarlos si fuera época de elecciones, políticos que respaldan las acciones del gobierno de turno. Un cambio radical, pero no el partido político. Un reversazo frontal para acomodarse a la situación de triunfo que puede estar ostentando el gobierno de Uribe. Pero que habría pasado, de haber sido otro el descenlace de la operación "Jaque". Estaría Uribe igual de acompañado. Me pareció que la única que en un momento determinado, guardó a pesar de todo su posición, fue Yolanda Pulecio, pero al llamado de su hija "ahora tienes que cambiar" frente a sus percepciones frente al gobierno, no dio respuesta, pero por lo demás, quedó demostrado que los únicos que no reversan son los ríos.
La pregunta es... ¿qué se trae cada uno entre manos? incluyendo, claro está, al gobierno de Uribe.
